¿Mi relación con los libros? ¿¡Qué pregunta!?, ¿Cuál es la
relación que tengo con los libros?, nunca me imaginé que me preguntaran esto.
Me quedé pensando, mirando un punto fijo con la mirada
perdida … Empiezo a escarbar en mi mente, intentando recordar cuál fue el
primer contacto que tuve con un libro, porque ahora la pregunta me la hago yo
misma, ¿cómo llegaron los libros a mí?, porque fueron ellos quienes vinieron a
mí.
Pasan por mi cabeza, vivencias y acontecimientos alrededor
de la lectura y libros, es como si hubiera entrado en un viaje en el tiempo. Pasan
personas, cosas, lugares, vivencias, emociones… Y un dolor en el pecho que
llena de lágrimas mis ojos y me hace salir de ese estado de quietud para sentir
correr una lágrima por mi mejilla.
¿Qué fue lo que pasó?...
Un recuerdo de mi infancia. La imagen de una niña triste,
sola y aburrida, que no sabe que hacer, tan solo acompañada de la presencia de
su madre que esta a mil cosas y casi no le presta atención. Ese día hacía mucho
sol, un sol infernal, mi madre me había bañado en el patio para refrescarme, me
había puesto un vestido que me hizo ella misma y me había peinado con sus
típicas orejitas de perro (dos trenzas, una a cada lado de la cabeza a la
altura de las sienes). Aburrida sin saber que hacer me quedé frente a los pocos
libros que habían en casa. Y elegí uno el típico libro de texto “Escolar
Ecuatoriano” que utilicé ese año en la escuela, lo cogí porque tenía muchas
ilustraciones, y muchas fábulas y leyendas quiteñas. Me gustaba lo que me iban
contando esas páginas, cuánta gente importante, cuántos animales, ¡oooh! que
cosas más sorprendentes pasan en el mundo, las explicaciones que ese libro me
daba de la luna, el sol, las estaciones del año, y las fábulas de Quito
hicieron que ese libro fuera mi compañero por un largo tiempo.
En mi casa no hubo hábito por la lectura, y con razón si
casi no había ni dinero para comer y peor para “gastar” en otra cosa que no
fuera comida y lo extremadamente necesario, así que nunca ví otros libros mas
que los que me compraban para la escuela y los que le regalaban a mi madre. Libros
rotos, con idiomas y palabras desconocidas. En mi casa nunca supimos qué era
leer por puro gusto. Recuerdo también que con el pasar del tiempo mis padres
compraron un librero para guardar los libros que fuimos acumulando. De cierta
manera me iban llamando la atención los libros de ese triste librero que
teníamos en mi casa… libros viejos, rotos, raros que me decían que los abriera.
Solo los ojeaba porque eran libros que no entendía, que me resultaban pesados
por no entender del tema o porque tenían palabras desconocidas que nadie sabía
decirme su significado. Las palabras de estos libros “raros” me llevaron al
diccionario, libro que también me enganchó y me acompañó en muchos momentos de
aburrimiento.
Ahora puedo ser conciente que desde siempre me han gustado
los libros con ilustraciones. Y el primer libro con ilustraciones que llegó a
mis manos fue el cuento de “El Príncipe Feliz”, un cuento roto al que le habían
recortado tres páginas; Me fascinó por la cantidad de ilustraciones que tenía,
aunque la historia fue muy triste.
Ya cuando empecé a trabajar, a salir de ese espacio
oprimente que tenía por hogar, empecé a ir a bibliotecas y librerías a perderme
en otros mundos. Y pedir prestados libros de mi oficina que los leía en los buses
de regreso a casa. El primer libro que me compré, venciendo el miedo de “mal
gastar” el dinero tenía una portada hermosa, con los filos de las hojas de
color rosa e ilustraciones por su puesto.
Y así fueron entrando en mi vida los libros… Dándome ánimos,
tranquilidad, expresando lo que no podía decir, nombrando lo innombrable,
motivándome, mostrándome otros mundos… Y aunque no leo tanto, escuchar a la
gente hablar de tal o cuál libro me motivaba para continuar con el hábito por
la lectura.
Hermoso escrito, comadre. Me encantó, gracias por compartirlo, voy a tratar de ponerme yo también las pilas.
ResponderEliminarBesotes a las 2
Es que no lees tanto, como tu dices, pero he visto a muy pocas personas disfrutas tanto como tu de las imágenes, de las fotos, de los dibujos, de las portadas. Ir contigo a una tienda de comics es siempre un mundo... y con los cuentos ¿recuerdas? Leer no tiene que ser compulsivo, es una cuestión de disfrutar con las historias que otras personas nos quieren contar, lo hagan como lo hagan.
ResponderEliminarAbrazotes muchachas. Y que a gusto me siento cuando trabajo en este blog ¡Madre mia!